Varon y mujer

Varon y mujer gy aldomiranda 1 110R5pR 16, 2011 2C pagcs VARON Y MUJER UNIVERSIDAD ANAHUAC Al principio el creador los hizo varón y mujer, el pasaje original y completo dice «Creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de DIOS lo creó, y los creó varón y mujer’ enuncia el pnncpio de la unidad e indisolubilidad del matrimonio como el contenido mismo de la Palabra de Dios. EL PRIMER RELATO. El hombre es creado sobre la Tierra y al mismo tiempo que el mundo visible.

Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra. Aunque el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo, la narración blblica no habla e su semejanza con el resta de las criaturas sino solamente con Swipe to page Dios (Dios creó al ho creo). El primer relato de la eac esconde en sí una po expresiones pormen PACE 1 or20 to View nut*ge bre agen de Dios lo de índole teológica, pesar de algunas asaje, el hombre está definido allí, ante todo, en las dimensiones del ser y del existir (ese).

Al misterio de su creación (a imagen de Dios los creó) corresponde la perspectiva de la procreación (procread y multiplicaos y henchid la tierra). EL SEGUNDO RELATO DE LA CREACION. De la costilla que del hombre tomara formó Yahveh-Dios a la ujer y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: «Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne. Ésta se llamará varona porque del varón ha sido tomada», «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y vendrán a ser los dos una sola carne».

La narración de la primera caída del varón y de la mujer, vinculada al árbol misterioso, que ya antes ha sido llamado «árbol de la ciencia del bien y el mal». El árbol de la ciencia del bien y del mal es una línea divisoria entre las dos situaciones originarias de las que habla el libro del Génesis. PERSPECTIVA DE LA REDENCION DEL CUERPO Cuando Cristo se refiere al «principios, lleva a sus interlocutores a supere, en cierto modo, el límite que en el libro del Génesis hay entre el estado de inocencia original y el estado pecaminoso que comienza con la caída original.

El árbol de la ciencia del bien y del mal, como expresión y símbolo de la alianza con Dios, delimita dos situaciones: el de la inocencia original y el del pecado original. El hombre histórico está, pues, por así decirlo, arraigado en su prehistoria teológica revelada, u por esto cada punto de su estado pecaminoso histórico se explica (tanto para el alma como para el cuerpo).

Si este pecado significa, en cada hombre histórico, un estado de gracia perdida, entonces implica también una referencia a esta gracla, que era precisamente la gracia de la inocencia original. El hombre, varón y mujer, después de haber roto la alianza original con su Creador, recibe la primera promesa de redención en las palabras del llamado Protoevangelio en el Gen 3, 2 OF Creador, recibe la primera promesa de redención en las palabras del llamado Protoevangelio en el Gen 3, 15 y comienza a vivir en la perspectiva teológica de la redención..

La redención del cuerpo garantiza la continuidad y la unidad ntre el estado hereditario del pecado del hombre y su inocencia original, aunque esta inocencia la haya perdido históricamente de modo irremediable. «Nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu gemimos dentro de nosotros mismos, suspirando por… la redención de nuestro cuerpo» Si nos ponemos en esta actitud tan profundamente concorde con la experiencia, el «principio» debe hablarnos con la gran riqueza de luz que proviene de la Revelación, a la que desea responder, sobre todo, la teolog(a.

LA SOLEDAD ORIGINARIA. No es bueno que el hombre (varón) esté solo; voy a hacerle una ayuda semejante a él. Gen 2, 18). Cuando Dios-Yaveh pronuncia las palabras sobre la soledad, las refiere a la soledad del «hombre» en cuanto tal, y no sólo a la del varón. El contexto completo de esa sociedad de la que habla el Génesis 2, 18 puede convencernos de que se trata de la soledad del «hombre» (varón y mujer) y no sólo de la soledad del hombre- varón producida por la ausencia de la mujer.

Esta soledad tiene dos significados: uno que se deriva de la naturaleza misma del hombre, es decir, de su humanidad, y otro que se deriva de la relación varón-mujer, y esto es evidente, en cierto modo, en base l primer significado. El problema varón-mujer; y esto es evidente, en cierto modo, en base al primer significado. El problema de la soledad se manifiesta únicamente en el contexto del segundo relato de la creación del hombre. En el primer relato no existe este problema.

Allí el hombre es creado en un solo acto como «varón y mujer» (Dios creó al hombre a imagen suya… varón y mujer los creó Gen 1, 27). El segundo relato, que, como ya hemos mencionado, habla primero de la creación del hombre y sólo después de la creación de la mujer de la «costilla» del hombre, concentra nuestra atención sobre el echo de que «el hombre está solo»; y esto se presenta como un problema antropológico fundamental, anterior, en cierto sentido, al propuesto por el hecho de que este hombre sea varón y mujer. ‘No es bueno que el hombre esté solo» aparece no sólo en el contexto inmediato de la decisión de crear a la mujer («voy a hacerle una ayuda semejante a él»), sino también en el contexto más amplio de motivos y circunstancias, que explican más profundamente el sentido de la soledad originaria del hombre. El texto yahvista vincula, ante todo, la creación del hombre con la necesidad de «trabajar la tierra» (Gen 2,5), y esto correspondería, n el primer relato, a la vocación de someter y dominar la tierra (cfr.

Gen 1, 28). Después, el segundo relato de la creación habla de poner al hombre, en el «jardín en Edén», y de este modo nos introduce en el estado de su felicidad original. El significado primitivo este modo nos introduce en el estado de su felicidad original. El significado primitivo de la soledad originaria del hombre está definido a base de un test especifico o de un examen que el hombre sostiene frente a Dios (y, en cierto modo, también frente a sí mismo).

Mediante este test, el hombre toma conciencia de la ropia superioridad, es decir, no pude ponerse al nivel de ninguna otra especie de seres vivientes sobre la tierra. «Y dio el hombre nombre a todos los ganados, y a todas las aves del cielo, y a todas las bestias del campo; pero-termina del autor- entre todos ellos no había para el hombre (varón) ayuda semejante a él» El hombre creado se encuentra, desde el primer momento de su existencia, frente a DIOS, como en búsqueda de la propia entidad; se podría decir, en búsqueda de la definición de sí mismo.

Soledad significa también subjetividad del hombre, la cual se constituye a través del autoconocimiento. El hombre está solo porque es «diferente» del mundo visible, del mundo de los seres vivientes. Analizando el texto del libro del Génesis somos testigos, en cierto sentido, de cómo el hombre «se distingue», frente a Dios-Yahveh, de todo el mundo de los seres vivientes (animalia) con el primer acto de autoconfianza y de cómo por lo tanto, se releva a si mismo y, a la vez, se afirma en el mundo visible como «persona».

EL CUERPO HUMANO, CUERPO PERSONAL El cuerpo, mediante el cual el hombre participa del mundo creado visible, lo hac s OF CUERPO PERSONAL visible, lo hace, al mismo tiempo, consciente de estar «solo». De tro modo no hubiera sido capaz de llegar a esa convicción, a la que, en efecto, como leemos (cfr. Gen 2, 20) ha llegado, si su cuerpo no le hubiera ayudado a comprenderlo. El texto yahvista habla directamente del cuerpo; incluso cuando dice «Formó Yahveh-Dios al hombre del polvo de la tierra», habla del hombre y no del cuerpo.

Esto no obstante, el relato, tomado en su conjunto, nos ofrece bases suficientes para percibir a este hombre creando en el mundo visible, precisamente como cuerpo entre los cuerpos. El análisis del texto yahvista nos permite, además, vincular la soledad originaria del hombre con el conocimiento del cuerpo, través del cual el hombre se distingue de todos los animalia y «se separa» de ellos, y también a través del cual él es persona. Se puede afirmar con certeza que el hombre así formado tiene, simultáneamente, el conocimiento y la conciencia del sentido del propio cuerpo.

Y esto sobre la base de la experiencia de la soledad originaria. «No había todavía hombre que labrase la tierra ni rueda que subiese el agua con que regarla» (Gen 2, 5-6), asociamos justamente este pasaje al del primer relato, en el que se expresa el mandamiento divino: «Henchid la tierra, sometedla y dominad» (Gen 1, 28). El segundo relato alude de manera explícita al trabajo que el hombre desarrolla para cul 6 OF 1, 28). El segundo relato alude de manera explícita al trabajo que el hombre desarrolla para cultivar la tierra.

El primer medio fundamental para dominar la tierra se encuentra en el hombre mismo. El hombre puede dominar la tierra porque sólo él — y ningún otro de los seres vivientes- es capaz de «cultivarla» y transformarla según sus propias necesidades («hacia subir de la tierra el agua por los canales para regarla»). Se puede afirmar que este esbozo es intrínseco al significado de a soledad originaria y pertenece a esa dimensión de soledad, a través de la cual el hombre desde el principio está en el mundo visible como cuerpo entre los cuerpos y descubre el sentido de la propia corporalidad.

MUERTE E INMORTALIDAD El hombre, como sujeto de la Antigua Alianza con el Creador, es colocado ante el misterio del árbol de la ciencia. «De todos los árboles del para[so puede comer; pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día en que de él comieres, ciertamente morirás». El hombre oía por primera vez la palabra «morirás» sin haber enido familiaridad alguna con ella en su experiencia hasta entonces; pero, por otra parte, no podía menos de asociar el significado de la muerte a esa dimensión de vida de la que había disfrutado hasta el momento.

Estas palabras plantearon el problema de la muerte en sentido condicional: «‘El día en que de él comieres.. morirás». Debería haber entendido que ese árbol misterioso ocultaba en sí una dim de él comieres… morirás» Debería haber entendido que ese árbol misterioso ocultaba en sí una dimensión de soledad desconocida hasta entonces, de la que le había dotado el Creador en medio del mundo de los seres ivientes, a los que el hombre -delante de su mismo Creador «había puesto nombre» para llegar a comprender que ninguno de ellos era semejante a él.

La alternativa entre la muerte y la inmortalidad que surge de Génesis 2, 17 va más allá del significado esencial de cuerpo del hombre, en cuanto abarca el significado escatológico no sólo del cuerpo, sino de la humanidad misma, distinta de todos los seres vivientes, de los «cuerpos». La alternativa entre la muerte y la inmortalidad entra desde el comienzo en la definición del hombre y que pertenece «por principio» al significado de su soledad frente Dios mismo.

EL SUEÑO DE ADÁN «Hizo, pues, Yahveh-Dios caer sobre el hombre un profundo sopor; y, dormido, tomó una de sus costillas, cerrando en su lugar con carne y de la costilla que del hombre tomara formó Yahveh- Dios a la mujer». Se puede concluir que el hombre (Adam) cae en ese «sopor para despertarse «varón y mujer». La homogeneidad somática, a pesar de la diversidad de la constitución unida a la diferencia sexual, es tan evidente, que el hombre (varón), despertándose del sueño genético, la expresa inmediatamente cuando dice: «Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne.

Esta se llamará varona, porque del varón ha sido tom es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta se llamará varona, porque del varón ha sido tomada». De este modo, el hombre (varón) manifiesta, por vez primera, alegría e incluso exaltación de las que antes no tenía oportunidad por faltarle un ser semejante a él. La alegría por otro ser humano, por el segundo «yo», domina en las palabras del hombre (varón) pronunciadas al ver a la mujer.

El hecho de que la primera mujer, formada con la costilla tomada del hombre (varón), inmediatamente es aceptada como ayuda adecuada a él. UNIDAD Y DUALIDAD ORIGINARIAS LA COMUNIÓN COMO «IMAGEN DE DIOS» El hombre en su soledad originaria adquiere una conciencia personal en el proceso de «distinción» de todos los seres vivientes (animalia), y al mismo tiempo, en esta soledad se abre hacia un ser afín a él. Communio dice más y con mayor precisión, porque indica precisamente esa «ayuda», que, en cierto sentido, se deriva del hecho mismo de existir como persona «junto» a una persona.

La comunión de las personas, podía formarse sólo a base de una «doble soledad» del varón y de la mujer, encuentro en su «distinción» del mundo de los seres vivientes (animalia), que aba a ambos la posibilidad de ser y existir en una reciprocidad particular. El concepto de «ayuda» expresa también esta reciprocidad en la existencia, que ningún otro ser viviente habría podido asegurar. Para esta reciprocidad era indispensable todo lo que constitutivo fundaba la asegurar.

Para esta r Para esta reciprocidad era indispensable todo lo que constitutivo fundaba la asegurar. Para esta reciprocidad era indispensable todo lo que de constitutivo fundaba la soledad de cada uno de ellos, y, por tanto, también la autoconciencia y la autodeterminación, o sea, la subjetividad y el conocimiento del ignificado del propio cuerpo. El relato de la creación del hombre en el capítulo primero afirma desde el principio y directamente que el hombre ha sido creado a imagen de Dios en cuanto varón y mujer.

El relato del capítulo segundo, en cambio, no habla de la «imagen de Dios», pero releva, a su manera característica, que la creación completa y definitiva del nombre (sometido primeramente a la experiencia de la soledad originaria) se expresa en el dar vida a esa communio personarum que forman el varón y la mujer. Que el hombre se convertido en «imagen y semejanza» de Dios no ólo a través de la propia humanidad, sino también a través de la comunión de las personas que el varón y la mujer forman desde el comienzo.

La función de la imagen es la de reflejar a quien es el modelo, reproducir el prototipo propio. El hombre se convierte en imagen de Dios no tanto en el momento de la soledad cuanto en el momento de la comunión. Efectivamente, él es «desde el principio» no solo imagen en la que se refleja la soledad de una Persona que rige el mundo, sino también, y esencialmente, imagen de una inescrutable comunión divina de personas. Desde el comienzo desc