Que cante la memoria

Que cante la memoria gy pedroestradc Ac•Ka6pR 03, 2010 7 pagos Así es el comienzo del siglo 21. Caminaba por las calles del » Rodadero» Santa Martha, Colombia, que por esos días de noviembre, las calles están solas y brillantes. Venía de una noche cansadota, whlsky, mujeres.. . Estaba totalmente depresivo, caminaba con dirección a la playa. unos pibes me dieron la noticia, en la madrugada de ese día habían matado al » Pucho» Él » Pucho» era un pibito adorable que dormía en una esquina del Rodadero, una mañana cerca de las 8 AM se des erezaba concienzudamente e camastro de cartone

Con una mano mug mientras con la otra tomó el fr seguida de un or7 Sv. içx to View nut*ge ta tra I que hería los ojos, pirada profunda violento ataque de tos, lo convulsionó durante unos momentos. A sus 9 años, el «Pucho» era un hijo de la oscuridad, su madre, lo había abandonado en las cloacas de Bogota y como, no se sabe, esa mini pandilla llegó a Santa Martha. Me miraba con ojos cálidos, como pidiendo un salva vida, le pregunte su origen, hubo silencio… me miraba con muchas preguntas en sus ojos, no tenia ni la menor idea porque tenía que dormir de los dos años en las loacas de las calles colombianas. uando había nacido, vivía en un hueco lleno de cartones y papel periódico. En esos tiempos, muy temprano en la mañana corría por la playa hermosa del Rodadero, a lo lejos, Carlos Vives, remaba en su canoa. Un lugar maravilloso del planeta. El Rodadero es una bahía en el Caribe, más o menos de unos 3 0 4 mil metros de playa, de una punta a la otra. El agua, es limpia azul cristalino y las arenas color bronce claro. En las mañanas corría de una punta a la otra y al llegar a la parte izquierda, mirando el océano desde la orilla, me uedaba instalado frente a la virgen que está donde termina la montaña.

Con una suplica casi sistemática, » Virgencita, cuidame a Natalia, que está en Montevideo, y sácame de este mundo tan podrido que vivo. Después camina lentamente por una calle llena de árboles tropicales, a los doscientos metros, un kiosco maravilloso de esos que hay por todo el Rodadero, con miles de frutas tropicales deliciosa, en ese kiosco desayunaba él «Pucho » y yo. Aquel día que lo descubrí en esa esquina, en ese hueco, lo invité a desayunar, estaba sucio, mugriento, con hambre y descalzo, yagas, hongos… Los pies todos llenos de cicatrices horribles, los talones casi en carne viva. or un momento me quedé mirando a ese niño, no sabía lo que pensaba, solo miraba. Salí de ese «estado» cuando el vendedor de diarios me toco el hombro con el dedo índice dos o tres veces. S «estado» cuando el vendedor de diarios me toco el hombro con el dedo índice dos o tres veces. Señor, oiga, su periódico. Miró los títulos de tapa y leo, Bill Gate, el hombre más rico de la tierra, 57 mil millones de dólares. El tipo tiene cara de » PAJERO» (lo escribo con mayúscula porque es obvio, no es un pajero cualquiera) si uviera que definirlo por su rostro. ?l tipo tiene menos esquina que una autopista, así decimos los que nacimos en el sur del continente para definir a un muchacho que tiene poco mundo, porque pensábamos que el haber pasado mucho tiempo en las esquinas de los barrios te daba contenido de vivencias (que boludes y soberbia) En ese momento pensé si Bill en su corta y lechuda vida tenía conciencia que en Colombia existían » puchos’ . 57 mil millones… levanté la vista y miré al niño, quería saber que pensaba el pibe de la i’life’i Todos somos responsables de la violencia y agresión a ese niño.

No podía pensar en otra cosa, lo miraba y sentía lastima y vergüenza de mi vida. ¿Como podía existir ese pibe y en esas condiciones? Sus «amigos » y hermanos de la oscuridad, ese puto día lo habían «boleteado». Lo mataron por salirse de sus códigos, no pueden aceptar de nadie que no pertenezca a la comunidad, algo material que mejoré su calidad de vida. Se lo tienen que ganar, robando, traficando o matando. LA VIDA es COMO EL TITANIC: SOLO SE SALVAN LOS QUE VIAJAN ganar, robando, traficando o matando. LA VIDA ES COMO EL TITANIC SO O SE SALVAN LOS QUE VIAJAN EN PRIMERA.

Caminé como un zombi, no sabía lo que había pasado, quería evadir la noticia, pero estaba atrapado, casi sin oxigeno, quería salirme y pensaba en un «coñazo». No podía soportar que esa mañana él «pucho » no desayunara junto a su «pana». Esa mañana me quería cagar en todo. De mi celular llamé a un costeño y le pedi un par de «coñazos». El «costeño» me contesta, oiga, yaaaa? si compadre lo antes posible. Me senté en la playa y en una estampita encontré esta leyenda. «es inútil buscar afuera lo que no somos capaces de encontrar adentro. Esta sencilla estampita me proponía una cantidad de respuesta ue no tenía.

La «life» es como el Titanic. . «solo hay salvavidas para los que viajan en primera. Después de la muerte del «pucho» no pude parar, quería anestesiarme y me daba con todo. El mundo me parecía cada vez más insoportable. Este mundo no tenía sentido; llegó un momento que medió asco lo que hacía. Me estaba cansando del mundo, de la apariencia, de la hipocresía, de simular que era feliz y pensar que una» mina» me había abandonado. Mi estado de macho herido no me dejaba pensar que esto me hac[a bien. La «mina» luchaba por la riqueza, el poder y el amor le sabía a mierda.

En esos momentos me di cuenta de mi gran frustración. Me sentía destruido. No sabía na En esos momentos me di cuenta de mi gran frustración. Me sentía destruido. No sabia nada de la vida. «Coho de la madre». Treinta y pico de años al pedo y el sueño americano no llegaba… Decidi hacer una huelga social. En la noche encontré un mendigo – le cambié unas botas de cuero, 370 dólares y una ropa de marca por unos andrajos y me fui a dormir al terminar de buses de Santa Martha. Pero me picaban mucho los mosquitos y el calor era insoportable, a las 3 de la mañana me volví al departamento del «Rodadero»

La noche siguiente probé el asfalto de un callejón llenó de basura que compartí con dos vagabundos y tres artesanos de la miseria. Aguanté hasta la salida del sol, me dolían todos los huesos. Regresé a mi cama. Al otro día los vagabundos me enseñaron a hacerme una camita con cartón y ya dormí mucho mejor. Después de un mes de práctica decidí que ya no volvería más a mi departamento. No tenia un solo peso, solo me quedaba un Renault 21 que lo tenía en un taller mecánico de Santa Martha. En esos momentos pensaba que la calle era más real. En la calle encontré el valor e mi ser, mi mínimo denominador humano.

Toda la vida le tuve miedo a la desnudez, pero en la calle tuve que enfrentarla. En la calle somos todos hermanos, no nos definimos por lo que tenemos sino por la cualidad de ser… Tuve que hacer muchos esfuerzos para que mis compañeros vagabundos de la calle me cualidad de ser… Tuve que hacer muchos esfuerzos para que mis compañeros vagabundos de la calle me aceptaren, más de una vez tuve que defenderme de un ataque a cuchillo. Muchas veces tuve que hacer cosas que jamás hubiera imaginado. Después de estos peajes ya pertenecía a la comunidad de los endigos.

En esa comunidad se fumaba «crak I’, se bebía y charlaba de lo divino y lo humano – en la calle cada comunidad tiene sus propios códigos, la gente se organiza por sectores. Las prosti con las prosti, los drogo con los drogo, los alcohólicos con lo alcohólicos y los ladrones entre ellos. Pero dentro de cada grupo se comparte mucho. Me recuerdo en las mañanas cuando teníamos que juntar 4000 pesos colombianos entre todos (2 dólares) para comprar el roncito blanco, todos poníamos las monedas que teníamos, entonces yo decía, iborrachos atención! y marchábamos todos untos a la licorería… orque si iba uno solo era un peligro que se tomara el «olivo»… vivir en la calle es bien jodido- siempre estas extrañando algo, la incomodidad es absoluta. Echaba mucho de menos un baño de agua caliente para sacarme el «sebillo», también la entrada de dinero, en la calle siempre tenés frio o calor, sueño, cansancio y un hambre perenne. La vida es un estado de incomodidad y molestia permanente. La comunidad siempre está ansiosa, siempre se está discutiendo, solo que las ansiedades están ub solo que las ansiedades están ubicadas en un lugar distinto. Lo más difícil es estar satisfecho con lo que hay.

Durante más de 3 meses perteneci a la comunidad de los mendgos del Magdalena.. Pensé que esa vida sería para siempre. Hasta que una noche estaba sentado frente al puerto de Santa Martha un viejo ruso, con su cabeza plateada gris oscuro por la falta de agua con jabón tomaba en su botella vodka. Entonces llega un «cachaco» joven y le quita la botella y se pone a tomar. El viejo se para y se la quita, el «cachaco se la vuelve a quitar, el viejo le tira un manotazo, la botella se rompe, salen cuchillos y acabo el viejo «boleteado’ o estaba all( al costado mirando.

Fue Increble, yo hice la comparación en mi mente. 400 mil muertos por un millón de barriles diarios (Irak) o una muerte por una botella de vodka. Da lo mismo, la misma vaina – no hay escape a la estupidez, no vas a encontrar la pureza cambiando de situación social, me llegó el momento de la realidad, pensaba en un rincón del asfalto. La calle no te cura. La única cura real esta dentro de ti. Pero el regreso es más difícil. En este maldito mundo, sin plata nadie te respeta. No tener dinero es la lepra de este comienzo de Slglo, te aíslan, sos un perdedor.