PEDAGOGÍA ANCESTRAL: LA ESCUELA DEL YAGE

Presentado por: Federico Sánchez para: Germán Muñoz Comunicación Educación III Corporación Universitaria Minuto de Dios PEDAGOGÍA ANCESTRAL: LA ESCUELA DEL YAGE Presento como trabajo final el capitulo sobre el cuerpo como campo de aprendizaje, de mi tesis sobre pedagogía ancestral, centrada en la planta maestra Ambihuasca, o yagé. La investigación tiene como eje fundamental explorar cinco campos de enseñanz del ritual (o la mayorí e del investigador, (i) El len de la ceremonia, con La pinta, como visión PACE 1 OF17 n definir dentro I u on la experiencia flici o permanente) to y sentido. ii) n con el infinito. (iii) La música, como vibración capaz de curar y armonizar. (iv) La palabra, que en el remedio adquiere nuevos significados y alcances y (v) El cuerpo, como vehículo de conocimiento y reconocimiento propio. RECUPERANDO EL CUERPO Si algo queda claro en el ritual del yagé es que la primera parte de la espiritualidad, la más seria, se encuentra en el cuerpo. Es el cuerpo del Iniciado el que habla y escucha, el que se enferma y sana, el que enseña y aprende.

El yagé solamente puede entenderse tomándolo, al Ingerir el liquido los efectos dlrectos de a planta en el organismo humano crean una relación de profunda gratitud entre el tomador y su vida, atravesada, experimentada, sufrida v trascendida con su cueroo ffsico. los taitas la salud sea un bien fundamental que se relaciona con la verdadera riqueza del hombre y cuya preservación se obtiene con el equilibrio. El cuerpo es un vehículo de conocimiento que permite al iniciado sentir profundamente su relación con este a partir de la experiencia ofrecida en la ceremonia.

Pero cuando el yagé te hace vomitar y te das cuenta de que lo que vomitas es precisamente esos malos hábitos de comer cosas ue te hacen daño sólo porque saben rico, pues ese asco que va quedando es una forma de sanación (Sanri, 2013, pág. 94). Cabe anotar que muchos de los pacientes que llegan a tomar yagé lo hacen muchas veces desahuciados por la medicina occidental, por lo tanto, en numerosos casos es la curación del cuerpo el motivo principal de una visita que, después, casi siempre se transforma en algo más. Una persona llegó con un dolor de columna insoportable. Quería que, como fuera, le arreglara la espalda, y entonces se tendió boca abajo para que le buscara el mal. Curiosamente, la espalda ue lo que menos le toqué para curársela. Después de revisarla le dije que el problema no era la espalda sno el tobillo. No me creyó. Bueno, le dije, si usted quiere curarse de verdad de la espalda lo primero que hay que arreglar es el tobillo; esa es la verdadera causa de su dolor» (JacanamijoyV. , 2013).

Asegura el taita Víctor Jacanamijoy que al paciente, dos meses después, ya no le dolía nada. Para él, nuestro cuerpo, como un ser armónico, está conectado entre sí por un complejo campo de comunicación, de tal manera que cuando al armónico, está conectado entre sí por un complejo campo de omunicación, de tal manera que cuando algo se afecta habla de muchas maneras. «El dolor no es malo, en realidad es un aviso de que algo no está funcionando bien; así que en vez de huirle al dolor, hay que entender qué es lo que está intentado decirnos» (Jacanamijoy V. , 2013).

Es en este campo de aprendizaje donde quedan lecciones que se van notando en la vida de los tomadores de remedio. Algo sucede, se van cambiando hábitos que se comprenden como dañinos a través de la propia experiencia, se revisa la alimentación, se van cancelando los excesos, poco a poco se erminan los vicios. Este proceso está mediado por un control que solo puede ejercer el iniciado, pues en yagé nadie, por lo menos humano, da discursos sobre lo bueno o lo malo. Con ese cuento del bien ¿qué nos están vendiendo? Comencemos por los alimentos: ¿qué estamos comiendo?

A donde quiera que he ido en el mundo, hasta en Japón, está la publicidad de la Coca Cola. Una bebida mala que nos venden como buena ¿Qué religión ha dicho que la gaseosa va en contra del ser humano? Yo lo he VIVido, yo sé que esas aguas pintadas me hacen daño. Vivir en yagé es un estilo de vida; la ultura médica del Ambi IJaska, como le digo yo, si las prohíbe. Y no porque haya alguien detrás suyo diciéndole qué hacer, o que no tome Coca Cola, sino porque el cuerpo ya no la tolera, sabe que es mala… ¿para qué me la tomo? (Sanri, 2013, págs. 7 – 68) (negrilla fuera del original). Como mencionábamos antes, vomitar es tal vez el primer e 68) (negrilla fuera del original). Como mencionábamos antes, vomitar es tal vez el primer escenario donde uno se encuentra de frente con el cuerpo como mediador del yagé en la experiencia de aprendizaje, si bien existen efectos anteriores, como perdida de cierto grado de quilibrio y relación geoespacial a los que se les llama «chuma», que traduciría la experiencia de una «borrachera celestial», es en el vómito donde se debe enfrentar el interior que requiere limpieza.

El taita [Floro] nos dice algo bien chévere frente a ese tema de la vomitada y es que tu cuerpo por dentro es como una olla en donde ha cocinado por todos los años que tienes: entonces si tienes treinta, has cocinado y cocinado, de pronto has botado cosas, pero la ollita hay que limpiarla porque eso va quedando con residuos y eso es lo que pasa con el Yajé (Solano, 2015, pág. 47). Para Weiskopf (2002), el yagé rompe las barreras bioenergéticas, o tensiones, que pueden estar en la base de la enfermedad y las libera en forma de vómito y excremento.

El vómlto y la defecación son, para el autor, mecanismos clásicos para expulsar la enfermedad del cuerpo, entendiendo, sin embargo, que no es un proceso exclusivo del cuerpo, sino más bien una purga integral entre los mundos físico y mental del tomador lo que permite, no solo limpiar sino ver con claridad los mensajes de la planta. (… ) ¿de qué manera la purificación del cuerpo ayuda a alcanzar estados extásicos(sic)?

A través de los años, he notado que la gente que ha tenido la mayor dificultad en alcanzar estados extásicos su años, he notado que la gente que ha tenido la mayor dificultad en alcanzar estados extásicos sufre usualmente de mentes hiperactivas. Basado en mis experiencias con yagé, estoy convencido que buen parte de la inquietud mental es un subproducto directo de la polución física debida a los aditivos químicos, al exceso de alimentos y los contaminantes ambientales.

Una vez que los cuerpos han purgado ese exceso de escoria -a través del ayuno, la meditación, o los purgantes- nuestras mentes hiperactivas se uelven más calmadas y claras, permitiéndonos ver, o al menos sentir, la energía espiritual que hay detrás de las formas físicas (Weiskopf, Huairasacha, Ayahuasca académica, 2014). Esta limpieza del cuerpo (vómito y diarrea) con participación consciente de la mente, crea un campo de aprendizaje para el iniciado donde el proceso de dolor que se presenta enseña mucho más que mil discursos.

El dolor es parte fundamental del conocimiento, su profunda relación con la enfermedad hace que los taitas lo estudien para hallar su causa. «Te pueden dar un ibuprofeno y tú crees que eso te va a ayudar, pero desconectarte e tu dolor no va a curarte», dice el taita Victor. Es necesario aclarar que el camino no tiene nada que ver con ahondar en el sufrimiento -la reacción mental más común frente al dolor (físico) y la angustia (psicológica)-, sino precisamente en salir de él a través de la comprensión de su origen. En yagé, así te maluquees, se entiende que es para bueno.

Digo «maluquear para no decir malo, porque en yagé no hay nada malo. Cuando la g es para bueno. Digo «maluquear» para no decir malo, porque en yagé no hay nada malo. Cuando la gente se siente mal y decaída es para su propio bien. Los abuelos dicen que en yagé no hay nada malo; si el yagé te comporta así es para que te cures y te limpies (Sanri, 2013). Cuando intento caminar, cada metro parece un kilómetro. Las fronteras han desparecido y lo único real son las ganas indecibles de vomitar hasta quedar sin aliento. Difícil entender sin vivirlo.

La sensación de limpieza que genera deja el estómago vaco. Acostumbrados a saciar nuestra hambre, jamás nos hemos preguntado para qué sirve. Esclavos de nuestros sentidos, los hemos sentldo hasta el límite, el limite de la gula, de la lujuria, de la avaricia, de la pereza. El estómago con vida propia, como cada parte de nuestro cuerpo, reclama su espacio de soledad, su momento de descanso para trabajar mejor, su tranquilidad, su paz. De pie frente a la bandeja, pienso una y otra vez que lo mejor es no vomitar porque eso va a hablar muy bien de mr.

Confundo la medicina con el trago; creo que vomitar es una señal de debilidad, que es malo; no se me ocurre que puede ser una forma de limpiarse tan sensata como ir al baño. El cuerpo grita lo que la boca calla. Me dejo ir en el alivio y la medicina abraza mis entrañas, lava mi cuerpo como un tubo conectado con el cosmos. Al igual que un enfermo terminal que vuelve a la vida, el aire pasa de nuevo por mis pulmones y comprendo que mi forma de contemplar el mundo jamás volverá a ser la misma (Sánchez, 2012). uestos en el escenario de u de contemplar el mundo jamás volverá a ser la misma (Sánchez, puestos en el escenario de una toma de yagé el vómito y la diarrea no son las únicas formas de limpieza. El llanto, la risa, los gritos y «las arrastradas»l , pueden también ser momentos comunes en las ceremonias, que fácilmente podrían hacer parecer a la ceremonia como un ritual de exorcismo. De alguna anera lo es, pues sin que medie necesariamente la concepción del mal, la sanación del cuerpo en desequilibrio debe pasar por un momento de transición parecido a la muerte.

Por eso al yagé se le conoce, por su traducción del Quechua, como la «soga del muerto»2 al permitir que el espíritu salga del cuerpo sin que este muera. Si nos atenemos a Tolle «la muerte es desnudarse de todo lo que no es usted. El secreto de la vida es «morir antes de morid’ y descubrir que no hay muerte» (2003, pág. 21). Poco valor tienen las máscaras donde se cubren las vanalidades cotidianas cuando l tomador se enfrenta con ese momento trascendental, el cuerpo actúa entonces como un catalizador de lo sublime y se abraza a su lado la eternidad de lo impermanente.

La educación tradicional de nuestro país ha dejado de lado el cuerpo en la enseñanza de la vida3. Se ha centrado en disciplinar el cuerpo y usarlo para cumplir con determinados medios y formas de producción. Las políticas del biopoder, enunciadas por Foucault, dan cuenta de la implementación de los dispositivos de control, así como de su evolución y relación con el cuerpo y la mente (Síbílía, 2006, pág. 108). Controlar al otro, vigi evolución y relación con el cuerpo y la mente (Sibi’lía, 2006, pág. 108).

Controlar al otro, vigilarlo, apropiarse de su fuerza y de su vida para conducirlo a un objetivo existencial cuyo valor depende de su capacidad de producclón y consumo, ha sido la constante en todos los modelos económicos, sin importar el discurso público que manejen o los fines que pretendan representar. La ruptura del ser propuesta por Descartes en su famosa frase «pienso, luego existo» condenó al cuerpo a un reduccionismo biomecánico sin relación con «la verdad», solo alcanzable con la azón. Es tan peligrosa la afirmación que, para existir realmente, parece ser que respirar no hace falta, el cuerpo se vuelve innecesario, obsoleto.

Al decir de Sibilia (2005), nos encontramos en la presencia de un «hombre postorgánico», más allá de la naturaleza, más allá de sí mismo. Un hombre que fuera de los límites de su cuerpo no queda, básicamente, en ningún lugar. Descartes definió al hombre como una mezcla de dos sustancias completamente diferentes y separadas: por un lado, el cuerpo- máquina, un objeto de la naturaleza como cualquier otro, que odía y debía examinarse con el método cientiTico (res extensae); por otro lado, la mistenosa mente humana, un alma pensante cuyos orígenes sólo podían ser divinos (res cogitans).

Ambas sustancias interactuaban de algún modo; sin embargo, para el filósofo era imposible explicar cómo ocurría (Síbílía, 2006, págs. 72-73). La frase de Descartes, es respondida en yagé con otro mensaje: ‘Vomito, luego existo», la conexión que puede lo Descartes, es respondida en yagé con otro mensaje: «Vomito, luego existo», la conexión que puede lograr el iniciado entre su er, representado en y como su cuerpo, sin estar limitado a este, y la experiencia de reconocerse como algo más, como espíritu, como observador, como consciencia, no crea fisuras, las sana.

Aunque en el yagé se trabaja desde el cuerpo, con el cuerpo y para el cuerpo, no se le separa de sus conexiones con el espíritu, por el contrario es la parte física del hombre un campo de acción por excelencia para medir la voluntad y el conocimiento adquirido. Lloré profundamente, arrodillado frente al Gran Espíritu de la Vida pedí perdón por haber comido tanto animal muerto, tanto cadáver. edí perdón por ml Indolencia con mis hermanos menores, por ignorar su dolor pedí clemencia.

Entonces, la voz me habló, me dijo que ¿por qué me creía digno de perdón si yo, a mi vez, no perdonaba? ; ¿por qué el cielo me perdonaría si yo no perdonaba a mis hermanos animales y celebraba su dolor con orgias de carne y sangre que representaban sacrificios sin sentido? Vi entonces una mujer vestida con una capa negra que le cubría el rostro, solo se percib(a su cabello y sus largas uñas, estaba frente a una olla revolviendo una mezcla de arroz y sangre, la mezclaba una y otra vez.

Yo cerraba mis ojos y seguía omitando sangre, no era en sentido figurado, vomitaba la sangre que me había comido en el almuerzo, en la rellena, vomitaba sin parar y, finalmente, al terminar el alivio, supe que después de esa información no tendría más opciones. Fue entonc finalmente, al terminar el alivio, supe que después de esa información no tendría más opciones. Fue entonces cuando me volví vegetariano (Diario de Campo, pal 2).

Se reitera que en el yagé ni todos aprenden lo mismo, ni todos aprenden igual. Muchos taitas sostienen que en el camino del yagé comer carne es imprescindible y que se debe entender que l sacrificio del animal hace parte de la experiencia que debe recorrer en este plano. No está prohibido nada, pero cada quien escoge qué prohibirse a sí mismo para vivir mejor. «Vivir mejor es encontrar la paz y la tranquilidad dentro de nosotros mismos.

El yagé enseña el camino para una vida de medicina y sanación. Si hacemos caso a lo que nos muestra, lógicamente estaremos mejor (Chasoy, 2014). El cuerpo como práctica pedagógica es un gran recurso que ofrece el yagé, si el gran supuesto de una educación real es aquella que atraviesa el cuerpo, la ambihuasca permite al iniciado n escenario bastante apropiado para tal fin.

El cuerpo es un maestro que nos enseña nuestros errores, guarda en su interior la memoria de dolores, odios, angustias y su directa relación con la enfermedad, lo cual nos alerta realmente sobre la forma en la que estamos llevando nuestras vidas. Nos permite otras formas de ver. (… ) como ser humano, vine a interactuar con muchas realidades de cada uno de los reinos, también de otras dimensiones un poco más sutiles, vecinas de nuestra mente, la mente como foco de nuestra existencia desde donde podemos ver cada una de las realidades que experimentamos como ser hum