Ensayo Teologia del Sufrimiento

REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA SEMINARIO BIBLICO CENTRO CRISTIANO URENA UREÑA – ESTADO TÁCHIRA ASIGNATURA: ANTIGUO ESTAMENTO IV 0 p TEOLOGÍA DEL SUFRIMIENTO (Ensayo) presente ensayo pretende revisar las concepciones teológicas tradicionales sobre el sufrimiento y el dolor, mediante la exploración de la influencia de las imágenes sobre Dios que las sustentan y de la espiritualización del sufrimiento. Tal y como lo señala Varone (1998) prevalece en algunos imaginarios sociales la idea de Dios como «sádico».

Esto es, cruel. Estamos frente a la concepción que vislumbra a Dios como un ser que e alguna manera requiere del sufrimiento del humano, como medio de aceptación o como búsqueda de aprobación por parte de este. Estas ideas y la dinámica de relación que generan, convierten el vínculo entre Dios y las personas, en una relación sadomasoquista. Es decir, en una relación en donde una de las partes aparentemente disfruta causando dolor mientras que la otra parece disfrutar siendo objeto del sufrimiento.

Tales nociones sobre Dios generan culpa y coadyuvan a que las personas enfermas lleguen a niveles importantes de ansiedad y depresión, lo que agrava la situación que afrontan. Es decir, estas ideas no ayudan a las personas sufrientes a lograr la paz o el equilibrio espiritual y emocional necesarios en el afrontamiento de la enfermedad o sufrimiento. Sôlle (1979) también refiere que cualquier intento teológico por considerar el sufrimiento como mediata o inmediatamente causado por Dios, corre el peligro de concebir a Dios de forma «sádica».

En esas teologías, Dios es entendido como «Padre dominador, castigador y todopoderoso. » (p. 34). Estas teologías «sadomasoquistas» pretenden explicar el sufrimiento sin encontrar más salida que atribuirlo a Dios. Se tratan de nadecuadas concepciones teológicas que encontrar más salida que atribuirlo a Dios. Se tratan de inadecuadas concepciones teológicas que de alguna forma muestran su influencia en el afrontamiento del dolor. En una mala concepción teológica, la enfermedad, el sufrimiento y la muerte son un castigo de Dios.

Todos los sufrimientos que azotan la vida terrena del ser humano son consecuencia del pecado, por tanto, es la puesta en práctica de la justicia divina. ) Dios [en esta teología], es visto como un Ser que pone zancadillas a sus hijos para hacerlos caer o al menos para hacerlos tropezar (Martínez 2000, p. 06-107). Estas reflexiones teológicas menoscaban la dignidad humana con el fin de justificar a Dios ante el problema del sufrimiento, tal como lo intentaron los amigos de Job (Job 3. 1 – 27. 3). En estas argumentaciones teológicas, la muerte y resurrección de Cristo es vista como un acto justificativo del dolor. «El dolorismo de la cruz ha calado nuestro horizonte cristiano con las más lúgubres resonancias» (Saénz 1 995, 135). El siguiente ejemplo ilustra al respecto: ¿Por qué permite Dios que suframos? Simplemente porque El nos está pidiendo que compartamos un poco de su Pasión. Lo ue parece provenir por casualidad o de otra persona siempre viene porque Dios lo permite. Dios sufrió todas las penas horrorosas de Su Pasión para cada uno de nosotros. ¿Cómo podemos negarnos a sufrir un poco por amor a Él? (Sullivan 2001 , Son numerosas las personas enfermas y quienes les rodean, que sostienen estas ideas teológicas trasmitidas históricamente en el discurso y acción de muchas iglesias. Lo anterior no es de extrañar tomando en cuenta que muchos de los tratados 30F iglesias.

Lo anterior no es de extrañar tomando en cuenta que muchos de los tratados teológicos cristianos sobre el tema del ufrimiento parten de ideas similares, tales como las que analiza Sôllê (1978) al referirse al contenido de los mismos, el sufrimiento viene de la mano de Dios, entre pecado y enfermedad existe una dependencia que es poco conocida, la raíz más profunda y más propia de la enfermedad es el pecado, el enfermo desconoce la causa esencial de la enfermedad y atribuye su sufrimiento a circunstancias externas o causas naturales, la salud plena existe sólo en el reino venidero, la enfermedad es una excelente oportunidad para crecer y madurar espiritualmente, ¿no nota justamente en su enfermedad cómo Dios está actuando n usted? , la gracia del sufrimiento es más valiosa que la salud corporal, el sufrimiento es un medio pedagógico del amor salvífico de Dios (Sólle 1978, 24). De esta forma se denota cómo en la teología tradicional el sufrimiento ha sido atribuido a la imagen castigadora que se tiene sobre Dios y se lo trata de explicar en la estrecha y reducida relación causa-efecto. Esto es, el ser humano peca, consecuentemente Dios lo castiga a fin de redimirlo. Para ello puede incluso utilizar a otras personas.

De esta forma muchos y muchas quedan justificados de su responsabilidad en causarles sufrimiento a otros. En esa perspectiva, en estas teologías del dolor se busca la aprobación de un Dios Iracundo (prototipo de la Imagen del padre patriarcal) que castiga sus hijos e hijas (adoradores), para obtener la honra de los mismos y satisfacer de esta forma sus deseos ególatras. Esta relación insana es sostenida por el «sadism mismos y satisfacer de esta forma sus deseos ególatras. Esta relación insana es sostenida por el «sadismo teológico» que Sólle (1978), identifica y denuncia. No es que el sadismo teológico tenga unas normas determinadas de conducta.

Pero ejercita muy bien a los seres humanos en n esquema mental en el que se considera del todo normal la conducta sádica, que adora, honra y ama una manera de ser, cuya radicalidad, plena intención y dureza extrema constituyen precisamente la destrucción. La consecuencia última del sadismo teológico es la adoración del verdugo (Sólle 1978, 35). Toda reflexión teológica construida sobre una imagen sádica, invariablemente presentará el masoquismo casi como único camino posible de relación con un Dios que se engrandece, en la medida en la que sus adoradores son humillados con el dolor, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte. El sufrimiento sirve aquí para vencer nuestro orgullo, para mostrar nuestra impotencia y para aprovechar nuestra dependencia; el sufrimiento tiene el sentido de conducirnos de nuevo a un Dios, que sólo es grande cuando nos empequeñece. (… El sufrimiento es concebido como una prueba que Dios nos manda y que nosotros debemos superar; se considera como un castigo, consecuencia de anteriores delitos en una relación totalmente desproporcionada, o como una purificación, de la cual debemos salir inmaculados (Sólle 1978, 26). Sôlle (1978), califica esta sumisión – presentada como fuente de ozo – como «el masoquismo cristiano» (p. 28). Es importante notar que en estas concepciones teológicas, el mismo Dios que se goza en castigarnos nos ofrece a la vez fortaleza para sobrellevar lo que él Dios que se goza en castigarnos nos ofrece a la vez fortaleza para sobrellevar lo que él mismo presuntamente nos ha enviado.

Esto pareciera denotar una «neurosis» en Dios, quien es presentado como el que envía el sufrimiento pero a la vez el consuelo. Esta idea sobre Dios es desconcertante. Se trata de la imagen contradictoria de un Dios que envía el sufrimiento y a la vez el soporte. Además revela un desconocimiento de la teoría sobre el duelo, que incluye etapas como la ira y el revelarse ante Dios, lo cual constituye un proceso emocional frecuente ante las pérdidas que se presentan en el devenir de los seres humanos. En este sentido, es importante resaltar que la imagen que tengamos sobre Dios será de capital importancia a la hora de configurar la percepción y actitud frente al sufrimiento. «si nuestro Dios es un Dios que castiga… ue acumula sufrimientos no será para demostrarnos su amor, la presencia de Dios… fuente de alivio (Martínez 2000, p. 94). Estas imágenes distorsionadas sobre Dios y en relación con el sufrimiento pueden hacer caer a la persona en un «dolorismo fatalista. » Esta toma de postura frente a la realidad traerá consigo un papel negativo en la resolución de la crisis. Davanzo (1991) señala elementos importantes de la influencia que estas imágenes de Dios pueden tener. Durante el sufrimiento la persona se siente tentada a cerrarse en su miedo y a ver solamente su situación. Sin darse cuenta, puede hacerse demasiado exigente, aunque se niegue a pedir ayuda porque no sabe aceptar sus propios límites, puede volverse

Insoportable o infantilmente generosa, puede caer en la rebeldía neurótica, que se niega a volverse insoportable o infantilmente generosa, puede caer en la rebeldía neurótica, que se niega a mirar de frente a la realidad o adopta una actitud de víctima. La misma religiosidad puede ser mal interpretada cayendo en un dolorismo fatalista (p. 562). La frustración, impotencia, ansiedad, angustia existencial, tristeza, depresión y enojo son solo algunas de las manifestaciones que puede experimentar una persona que se siente atrapada en las manos de la imagen del Dios castigador, cruel. En cuanto a espiritualizar el dolor, mistificar el sufrimiento, el acompañamiento espiritual tradicional propone que el ser humano doliente acepte, integre, modifique y convierta la experiencia del dolor, en un momento de autorealización.

No se presenta la idea de combatir el dolor y superar sus causas, o bien de movilizar recursos internos para afrontar la crisis del dolor, la enfermedad o la proximidad de la muerte. En esta visión, no existe un Dios solidario, a la persona sufriente solamente le queda aceptar «la voluntad» de un Dios que le envía el dolor, para ue él o ella le reconozcan mediante la transformación del mismo en una especie de realización espiritual. Este reduccionismo espiritual del dolor induce a las personas sufrientes a hacer méritos o pactos frente a un Dios castigador, con el propósito de aplacar su ira. En esta visión teológica, el dolor y el sufrimiento son siempre consecuencia de la conducta del sufriente.

Como segundo punto, la teodicea apologética pretende defender a Dios de las acusaciones que lo hacen responsable del sufrimiento mediante dos vías: la actualización de la lógica de la retribución y la guerra espiri 7 OF ediante dos vías: la actualización de la lógica de la retribución y la guerra espiritual. La tendencia teológica que actualiza la doctrina de la retribución con el propósito de justificar a Dios ante el sufrimiento, señala que el dolor no es responsabilidad de Dios, sino culpa del ser humano al que se le envía como castigo, correctivo o prueba. Lo anterior no satisface las interrogantes de la persona sufriente (la experiencia de Job, quien llega a sentirse acorralado por Dios mismo). Estas teologizas, como ya hemos indicado, nos ofrecen imágenes sadicas sobre Dios y la relación que propone con Dios e inscribe en una de tipo sado-masoquista, que a su vez se fundamenta en el binomio pecado-culpa = castigo-sufrimiento.

En esta relación, al ser humano no le queda más que soportar la prueba en medio del abandono de los demás. Este tipo de pensamiento crea actitudes de desprecio y rechazo hacia la persona sufriente por considerarla impura o pecadora y en el peor de los casos, poseída por el demonio. La otra vía que alcanzó influencia en las últimas décadas, en las iglesias neo-pentecostales, pentecostales y tradicionales (incluidas las llamadas iglesias históricas protestantes y la Iglesia Católica con el movimiento carismático), inscribe al dolor, sufrimiento y muerte como parte de una «guerra espiritual» contra la posesión demoníaca. En el fondo -a nuestro criterio- se trata de otra «teodicea».

El sufrimiento proviene del mal, el mal es literalmente Satanás y sus huestes. Dios queda justificado sobre la presencia del mal en la creación puesto que Dios no es el autor del mal, sino Satanás, una criatura suya rebelde contra la que Dios, los 80F Dios no es el autor del mal, sino Satanás, una criatura suya rebelde contra la que Dios, los cristianos y las cristianas, ncansablemente guerrean. Se trata de una guerra de proporciones cósmicas. Uno de los máximos exponentes de esta postura es Murphy (1994), quien sintetiza su pensamiento en un extenso Manual de Guerra Espiritual. En esta visión, el dolor y el sufrimiento se «satanizan» y se espiritualizan como posesión demon[aca.

Esto es, se responsabiliza a la posesión de espiritus por los mismos. Por lo tanto el exorcismo es práctica frecuente para liberar a la persona sufriente de su situación. La misma persona sufriente es presentada como «poseída» -estado que puede incluir ontradictoriamente a los mismos cristianos y cristianas- (Murphy 1994). Esta «satanización» del sufrimiento puede llevar a la demonización de la misma persona sufriente. ¿Cuál es en última instancia la causa del sufrimiento? ¿Existe una explicación capaz de satisfacer las inquietudes de los y las sufrientes? Ante un problema complejo y multicausal de la existencia humana, no existen respuestas sencillas y certeras.

Recapitulando, se han dado algunos intentos a través de la historia que terminan sacrificando al ser humano o responsabilizando a un Dios indiferente, lo que constituye uno de os argumentos más fuertes del ateísmo frente el teísmo. Otros intentos de respuesta al dolor, concentran la responsabilidad en los malos espíritus y la posesión demoniaca, lo cual nos deja la idea de un Dios frágil ante un contrincante aparentemente fuerte. Parece que para vencerlo nos necesita como soldados aliados o aliadas en una «guerra espiritual» contra esas potencias vencerlo nos necesita como soldados aliados o aliadas en una «guerra espiritual» contra esas potencias.

Reiteramos que algunos de estos intentos, – como el de los amigos de Job – pretenden «hablar» bien de Dios y terminan hablando mal. Y esto es asi porque el problema del sufrimiento «no tiene respuestas exhaustivas» (Teilhard de Chardin 1994, p. 5). Apenas tiene intentos que muchas veces no pasan la critica teológica y que generan más preguntas. REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA Araya Guillén, Victorio. 1983. «El Dios de la historia y la historia de Dios» Vida y Pensamiento 17, 2: 21-37. Casaldáliga, Pedro y José María Vigil. S/f. Espiritualidad de la Liberación. Quito: Asamblea del Pueblo de Dios. Davanzo, Guido. 1991. «Enfermo – sufrimiento» en: De Fiores y G0ffi. 1991. Martínez, Juan Diógenes.. 0 DF 10 ntropológica, psicológica,