Descentralización y sinergia local

Descentralización y sinergia local gy beatrizom AQKa5pR 2010 22 pagcs DESCENTRALIZACIÓN Y SINERGIA HISTÓRICA LOCAL: FRACASOS Y DESAFIOS Gabriel Salazar V. Departamento de Ciencias Históricas, Universidad de Chile. «Todo lo tangible, todas las entidades visibles han quedado sumergidas en procesos invisibles, y degradadas a funciones de un proceso global» (Hannah Arendt).

La aplicación mundial de estrategias de descentralización ha provocado el surgimiento de múltiples ‘situaciones inéditas’ a nivel de redes sociales comunidades locales que, rápidamente, se han transformado parte, esas situacion esde lo macro a lo gobiernos de todas p modo de sortear la y PACE 1 orn han _ ro-e sy desafiantes. En b co aterrizaje que, ena, perpetraron los ’70, como ‘único a inflacionaria del fordismo, keynesianismo, desarrollismo y socialismo (perpetración que, a su vez, produjo el colapso de los «grandes relatos»).

Y en parte, también, esas situaciones derivan de la inesperada resistencia que ‘lo local’ está oponiendo a los intentos de someterlo a una estrecha gobernabilidad científica y política externa a su propia especificidad. Al parecer, los diversos centralismos, longevamente embotellados en su elevada acroscop(a, no acumularon suficiente sapiencia ni manejo histórico sobre los planos microscópicos de la sociedad.

De este modo, al aterrizar bruscamente sobre ellos, expulsados por los vicios macro-estructurales más bien que atraídos por las virtudes de la especificidad local, los gobiernos neo-liberales se han entrampado en un conflicto con su propia ignora ignorancia. Pues, por décadas y aun siglos de endémicos centralismos, acumularon ceguera y descuido respecto a lo micro- social ante el cual, por tanto, se hallan hoy tecnológicamente desarmados.

El contraste entre la escala macroscópica del viraje asumido salto al vacío de lo micro-estructural) y la escala microscópica de la expertise disponible para moverse con eficiencia en el nuevo terreno escogido, es lo que hace de esta situación un ‘conflicto’ de inéditas proyecciones estratégicas. La naturaleza específica de esa diferencia ha emergido con nitidez, sobre todo, en las «evaluaciones de impacto» que se han aplicado a las politicas focalizadas y a los proyectos de desarrollo local.

En Chile, la diferencia ha sido identificada bajo dlversas formas o tipos de impacto: como ‘rebote de proyectos’, como generación de ‘procesos divergentes’ o como ‘rebasamiento de bjetivos’. Dentro del primer tipo, cabe citar los diversos proyectos de desarrollo local aplicados a la localidad de San Juan de la Costa; o los proyectos de educación para niños de extrema pobreza basados en la metodología Feuerstein; o bien los proyectos de desarrollo o capacitación canalizados a través de los programas del Instituto Naclonal de la Juventud o de Chile Joven.

En todos estos casos, los proyectos no lograron insertarse en el torrente sanguíneo de los procesos y redes sociales locales. Concluido su ‘tiempo administrativo’, no quedó más huella de esos proyectos ue el informe de los ejecutores acerca del cumplimiento de los «objetivos de cobertura», dado que el proceso local no registró ninguna modificación significativa. El ‘rebote’ de todos estos proyectos indica, de una parte, que la lógica d 2 OF significativa.

El ‘rebote’ de todos estos proyectos indica, de una parte, que la lógica de descentralización, aunque remarca una definida opción por ‘lo local’, sigue configurada como una lógica externa; y de otra parte, que lo local contiene tal especificidad en su dinámica de acción, que resulta hermético o rebotante para oda lógica que no respete el contenido de esa especificidad, o que no dimane de ella misma.

Dentro del segundo tipo de resultado cabe citar el caso del programa Todos Juntos, que, según se cree, es hasta ahora el más «participativo» de los programas destinados a capacitar jóvenes y adultos para la autogestión del desarrollo local. Diversas evaluaciones cualitativas (basadas en el testimonio de los propios «beneficiarios») revelan que, en muchos lugares, este programa ha gatillado el desarrollo de procesos locales distintos a los previstos; basados, a menudo, en el desarrollo de eacciones críticas al mismo programa, e irónicamente, utilizando para ello lo que se consideró útil de él.

Es obvio que este tipo de resultado, junto con poner de relieve el hermetismo rebotante de las especificidades locales, revela la autonomía con que las redes sociales locales utilizan o canalizan históricamente el impacto o los productos de su encuentro con las políticas ‘externas’ de desarrollo local. Dentro del tercer tipo de resultado cabe citar el caso de los programas de construcción de viviendas básicas con participación o colaboración directa de los comités de vivienda involucrados.

Específicamente en la comuna de Pudahuel se observó que las metas y objetivos de los planes de construcción (que incluían costos fijos y cronogramas precisos) fueron significativamente de construcción (que incluían costos fijos y cronogramas precisos) fueron significativamente rebasados al Introducir la variable ‘colaboración de la comunidad’. De hecho, al planificar, se subestimó notoriamente el rendimiento potencial de esa eventual colaboración.

Los resultados (record) obtenidos, revelaron, en este caso, que la intervención de la comunidad en el proceso de construcción puso en juego un factor sinérgico sorprendente e mponderable: ¿cómo era posible que de ese conglomerado de carencias y necesidades que caracterizaba a los asociados en el comité de vivienda surgiera tal quantum de organizada energía constructiva? ¿Y por qué esa energía se desplegó para este caso y no para otros programas? 1]. Existen, pues, núcleos micro-sociales duros que resisten, sortean o reciclan la intervención de los poderes externos, aun cuando esa intervención se realice apuntando al ‘beneficio’ de tales núcleos. Cabe destacar el hecho de que, en todos los casos, la resistencia no ha provenido de organizaciones funcionales políticas) expresamente fundadas para resistir, sino de las redes sociales propias de la vida local.

Esta situación desafía y pone en duda no sólo la ‘eficacia’ del poder institucional, sino también los ‘fundamentos’ y la naturaleza de sus relaciones con las comunidades locales. Es preciso determinar hasta qué punto el problema es sólo una cuestión de eficiencia, o en qué medida es una cuestión de legitimidad. En cualquier caso, el problema no es menor, pues involucra tanto el éxito o fracaso simple de las politicas neo-liberales (focalizadas) de desarrollo social, como la alidez profunda del modelo neo-liberal conjunto.

La seguidilla de cumbres mundiales qu social, como la validez profunda del modelo neo-liberal conjunto. La seguidilla de cumbres mundiales que, con indisimulada urgencia, se convocaron en 1995 (Copenhague) y 1 996 (Davos e Istanbul), indlcan que la colislón entre lo macro y lo micro es mucho mayor de lo que parece a primera vista. Se ha hecho pues evidente que la naturaleza social, cultural e histórica de ‘lo local’ es, por el momento, en medida apreciable, una incógnita teórica y política. n indócil fantasma que parece obedecer sólo a su inherencia. Y que, fantasmalmente, amaga diversas áreas de la sociedad, produciendo, aquí, apatía política; allá, barras bravas; acá, tribus culturales irreductibles; acullá, mantención de relaciones pre-modernas, etc. Porque no es un núcleo rígido, petrificado en el fondo de lo local, sino un plasma cultural vivo, enraizado como hiedra en el pasado y circulante como polen en el presente, fertilizado de un lugar a otro por densas redes de transmisión oral directa.

Como indicando que, en el hemisferio inferior y microscópico de la sociedad civil, la vida social es más activa que la ley, y menos mecánica que el poder entral. El fantasma de lo local y de las redes sociales ha sido detectado, en parte – como se dijo -, en las evaluaciones de impacto de las pollticas públicas, y en este ámbito se le define sobre todo como una dificultad tecnocrática, que será superada mediante afinamientos igualmente tecnocráticos. ero en parte, en los ‘trabajos de terreno’, también se le ha detectado como una realidad producida por, e inherente a, los mismos sujetos sociales; detección que ha llevado a definirlos como auto- proyecciones legítimas obstaculizadas por poderes externos. Esta dob s OF efinirlos como auto-proyecciones legitimas obstaculizadas por poderes externos.

Esta doble percepción ha provocado la emergencia de procesos bifurcantes y contrapuestos de investlgación (uno tecnocrátlco y otro histórico-soclal) que, sin embargo, comulgan en una misma realidad: la red social local. Así, de un lado, el Banco Mundial – que ha liderado el diseño, aplicación y financiamiento de las políticas de desarrollo social focalizado – ha debido iniciar investigaciones reforzadas sobre los núcleos duros y la especificidad interior de, por ejemplo: sujetos en condición de extrema pobreza, comunidades premodernas, uventud marginal, etc. a efectos de afinar la capacidad inyectiva de las políticas públicas y de descifrar la cartografía inyectable de la «pobreza local». Es obvio que los recientes esfuerzos cientlficos del Banco Mundial – y del racimo de ‘fondos de inversión social’ que pende de él, aunque implican un cambio radical respecto a su clásica epistemología macroscópica, no apuntan a cambiar la estrategia política (neo-liberal) que los engloba, sino a reforzarla [2].

De otro lado, dirigentes de base, trabajadores sociales e intelectuales insertos en los procesos de desarrollo local, se sfuerzan, a su vez, por conseguir el pleno desenvolvimiento de la dinámica específica que han detectado en los sujetos, actores y redes soclales que operan en el espacio local; lo que ha implicado también un cambio epistemológico significativo con respecto a los paradigmas clásicos de la ciencia social; sólo que, en este caso, no conduce a consolidar el modelo neo-liberal sino a fortalecer las tendencias trans-liberales que hoy despuntan en él Desde los lados opuestos de una m 6 OF fortalecer las tendencias trans-liberales que hoy despuntan en él Desde los lados opuestos de una misma ‘situación inédita’ se an iniciado, pues, dos procesos contrapuestos de producción cognitiva que, ante el requerimiento de un mismo problema estratégico, están planteando un nuevo y trascendental desafío para el conjunto de las ciencias sociales. Si este desafío implica la necesidad o la posibilidad de consumar una revolución completa de los paradigmas científico-sociales, es una cuestión a debatir. Es evidente, sin embargo, que tanto para el movimiento tecnocrático como para el histórico-social el imperativo de cambio epistemológico se plantea no tanto en la teoría pura, sino, más bien, en la ‘producción de impactos’. Es decir, se trata de actuar con eficiencia más en el proceso histórico que en la academia. Y esto, si no es revolucionario, es históricamente trascendental.

El desafío que está planteando el ‘fantasma’ de lo local exige, pues, reflexionar no sólo respecto a las dudas que arroja sobre el futuro del modelo neo-liberal, sino también acerca de cómo ajustar las ciencias sociales (la ciencia histórica incluida) a las nuevas necesidades abiertas por el ajuste de los paradigmas cognitivos al requerimiento general de ‘producir impactos’. Robert D. Putnam, sociólogo norteamericano especializado en l estudio de redes sociales, publicó en 1 993 un libro de gran importancia en ese campo. Combinando métodos históricos, antropológicos, sociológicos y politológicos, R. D. Putnam examinó la historia y estructura de las comunidades locales italianas.

Su objetivo era determinar en qué grado y forma esos ‘fantasmas’ influyeron en el éxito o fracaso de la determinar en qué grado y forma esos ‘fantasmas’ influyeron en el éxito o fracaso de las politicas de descentralización implementadas por el gobierno italiano desde la década de 1970. Esto lo llevó a concentrarse en el estudio de la composiclón y inámica específicas de ‘lo local’. Concluyó que las comunidades, históricamente, tendían a constituir «tradiciones cívicas». Estas tradiciones operaban en la práctica como «capital social»; esto es: como articulación de redes y asociaciones locales, y como circulación horizontal de información, recursos y capacidades. La unidad interna y el potencial de acción de todo ese conjunto configuraba, al mismo tiempo, una fuerte identidad local, dimensionada en el plano cultural tanto como en el político.

De hecho latía allí un poder sinérgico, con potencialidad de despliegue en diversas direcciones. R. D. Putnam pudo comprobar que, donde las tradiciones cívicas (horizontales) tenían un significativo nivel de desarrollo y donde las políticas de descentralización se acoplaron en línea con ellas, el resultado de esas pol[ticas fue invariablemente exitoso. En cambio, donde predominaban localmente relaciones verticales de dominación: clientelismo, patronazgo o cualquiera otra forma de desintegración comunitana, y donde las pollticas públicas no se alinearon con las tradiciones cívicas locales, el resultado era el fracaso. Su conclusión general es importante: «Aunque nosotros estamos acostumbrados a pensar que el

Estado y el Mercado son los mecanismos únicos y alternativos para resolver los problemas sociales, la historia sugiere que ambos, tanto estados como mercados, sólo operan con eficiencia óptima en sociedades c(vicamente desarro estados como mercados, sólo operan con eficiencia óptima en sociedades c(vicamente desarrolladas» [4]. Si lo planteado por R. D. Putnam para el caso de Italia es válido como conclusión general, entonces cabe plantear una serie de cuestiones de gran relevancia. Por ejemplo: ¿quién desarrolla y consolida las «tradiciones cívicas» de una sociedad? ¿El ismo Estado y el mismo Mercado, que las necesitan para sus respectivos ‘éxitos’? ¿O, autónomamente, los propios ciudadanos, dentro de sus respectivas comunidades?

Si esto último es lo único real y factible ¿obstaculizan el desarrollo de la Sociedad Civil las estrategias macroscópicas auto-referentes del Estado y del Mercado? ¿Implica, por tanto, que las políticas neoliberales de descentralización son incapaces de suyo para producir desarrollo cívico dado que, según lo anterior, lo necesitan como pre- condición de éxito más bien que como objetivo de éxito? Es preciso introducir todavía otros elementos al análisis. En este sentido, es de interés recordar la caracterización de ‘poder social’ que propuso Hannah Arendt. Como se sabe, para ella, todo poder social legítimo, sin excepción, surge del fenómeno típicamente humano del «estar juntos», y realiza su legitimidad y sentido si y sólo si retorna y se reproduce en ese mismo «estar juntos» [5].

De ser esto así, cabria afirmar categóricamente la legltima primacía histórica del civismo social por sobre los civismos puramente instrumentales promovidos por la política y la economía; cuando menos en el ámbito de los significados y las legitimidades del poder. Sin embargo, con ser y todo atrayente, ésta no puede ser una afirmación ‘de principio’ y puramente apriorística: necesita pro ésta no puede ser una afirmación ‘de principio’ y puramente aprior(stica: necesita probarse a sí misma en el estudio como en la producción de los hechos históricos. Tanto el estudio de R. D. Putnam sobre las ‘tradiciones cívicas» como las propuestas teóricas de H.

Arendt acerca del fundamento social del «poder» (así como muchos otros trabajos) subrayan el enorme potencial histórico que contienen dentro de sí y proyectan fuera de sí los procesos especificas contenidos en ‘lo local’. Es evidente la fuerte presencia que tiene, en esos procesos, la historicidad. Por ello, el desafío que lo local presenta a las ciencias sociales, aunque exge una respuesta multidisciplinaria, implica, por la centralidad que en él tiene esa histoncidad, un desafio partlcular a ciencla histórica. Es evidente que en ‘lo local’ se articulan – dentro de una densidad social relativamente alta- corpúsculos institucionales simples, redes sociales chatas pero extensas y procesos históricos lentos, de data remota.

El conjunto tiene un considerable espesor cultural, de textura orgánica, de funcionamiento fluido y de nergía auto-gravitante. El polo magnético de todo eso radica, al parecer, en la intersección entre las redes sociales chatas y el proceso histórico lento (que produce y consolida la consistencia orgánica y la suficiencia funcional de aquéllas). De este modo, lo que la comunidad ‘es’, es tanto como su modo de ‘llegar a ser’; pues normalmente percibe lo que ella es como producto de su propio esfuerzo. Aquí está implicado un proceso predominantemente auto-productivo (o de auto-modernización), en el que la intervención de factores externos, o ha sido nula, o negativa, o heterogénea (deslo 22