Deleuze y Guatari

Deleuze y Guatari gy Natashaalupz cbenpanp 14, 2016 52 pagcs INTRODUCCION: R Z O M A PREFACIO Este libro es la continuación y elfinde Capitalismo y esquizofrenia, cuyo primer tomo fue El anti-edipo. No está compuesto de capítulos, sino de «mesetas». Más adelante trataremos de explicarlo (y también por qué están fechados los textos). Estas mesetas pueden ser leídas, en cierta medida, independientemente las unas de las otras, salvo la conclusión que no debería serlo hasta el final. A I Apia -n o pLece lor David Tudor ii ü134> liliWfüLlOítiC.! 7. 3. 1955 Fueron ya publicadas: «Rhizome» (Ed. e Minuit, 1976) (trad. cast. ed. PRETEXTOS, 1977), «Un seul ou piusiers loups? » (revue Minuit, n: 5), «Comment se faire im corps sans organes? »(M//2«zY, n. c 10). Retomadas y modificadas en este volumen. SVLVANO BUSSOTI E I Anti-êdipo lo escribimos a dúo. Como cada imo de nosotros era varios, en total ya éramos muchos. Aquí hemos utilizado todo lo que nos unía, desde lo más reconocerá los suyos. Nos han ayudado, aspirado, multiplicado.

Un libro no tiene objeto ni sujeto, está hecho de materias diversamente formadas, de fechas y de velocidades muy diferentes. Cuando se atribuye el Libro a un ujeto, se está descuidando ese trabajo de las materias, y la exterioridad de sus relaciones. Se está fabricando un buen Dios para movimientos geológicos. En un libro, como en cualquier otra cosa, hay líneas de articulación o de segmentaridad, estratos, territorialidades; pero también líneas de fuga, movimientos de desterrito- 10 MIL MESETAS rialización y de desestratificación.

Las velocidades comparadas de flujo según esas líneas generan fenómenos de retraso relativo, de viscosidad, o, al contarlo, de precipitación y de ruptura. Todo eso, las Lineas y las velocidades mesurables, constituye un agenciamiento (agencemenD. Un llbro es precisamente un agenciamiento de ese tipo, y como tal inatribuible. Un libro es una multiplicidad. pero todavía no sabemos muy bien qué significa lo múltiple cuando cesa de ser atribuido, es decir, cuando es elevado al estado de sustantivo.

Un agenciamiento maquínico está orientado hacia los estratos, que sin duda lo convierten en una especie de organismo, o bien en una totalidad significante, o bien en una determinación atribuible a un sujeto; pero también está orientado hacia un cuerpo sin organos que no cesa de deshacer el organismo, de hacer pasar y circular partículas asignificantes, intensidade ibuirse los sujetos a los que tan sólo deja un nom nombre como huella de una intensidad. ¿Cuál es el cuerpo sin órganos de un libro?

Hay varios, según la naturaleza de las líneas consideradas, según su concentración o densidad especifica, según su posibilidad de convergencia en un «plano de consistencia’ que asegura su selección. En este caso, como en otros, lo esencial son las unidades de medida: cuantificar la escritura. No hay ninguna diferencia entre aquello de lo que un libro habla y cómo está hecho. Un Ubro tampoco tiene objeto. En tanto que agenciamiento, sólo está en conexión con otros genciamientos, en relación con otros cuerpos sin órganos.

Nunca hay que preguntar qué quiere decir un libro, significado o significante, en un libro no hay nada que comprender, tan sólo hay que preguntarse con qué funciona, en conexión con qué hace pasar o no intensidades, en qué multiplicidades introduce y metamorfosea la suya, con que cuerpos sin órganos hace converger el suyo. Un libro sólo existe gracias al afuera y en el exterior. Puesto que un übro es una pequeña máquina, ¿qué relación, a su vez mesurable, mantiene esa máquina literaria con una máquina de guerra, una máquina de mor, una máquina revolucionaria, etc. y con una máquina abstracta que las genera? A menudo, se nos ha reprochado que recurramos a literatos. Pero cuando se escribe, lo unico verdaderamente importante es saber con qué otra máquina la máquina literaria puede ser conectada, y debe serlo para que funcione. Kleist y una loca máquina de guerra, Kafka y una máquina burocrática increíble… (¿y si después de todo se devini egetal gracias a la después de todo se deviniese animal o vegetal gracias a la literatura —que no es lo mismo que literariamente—, acaso no se deviene animal antes que nada por la oz? . La literatura es un agenciamiento, nada tiene que ver con la ideología, no hay, nunca ha habido ideología. Nosotros no hablamos de otra cosa: las multiplicidades, las líneas, estratos y segmentaridades, líneas de fuga e intensidades, los agenciamientos maquinicos y sus diferentes tipos, los cuerpos sin órganos y su construcción, su seleccón, el plan de consistencia *, las unidades de medida en cada caso.

Los estratómetros, los Hemos traducido plan de consislance (o de inmanence) por plan de consistencia (o de inmanencia). Y lo hemos hecho así para mantener la oposición entre ese plan y l plan de organización y de desarrollo (de transcendencia). Pero no hay que olvidar que plan, en francés, Slgnifica a la vez «plan» y «plano», y que siempre que Deleuze habla de plan de consislance (o de inmanence) también está hablando de un plano, puesto que, según él, ene «plan de consistencia» es un plano en sentido geométrico. (N. el INTRODUCCIÓN: RIZOMA deleómetros, las unidades CSO de densidad, las unidades CSO de convergencla no sólo cuantifican la escritura, sino que la definen como algo que siempre es la medida de o ibir no tiene nada que ver 4 con significar, sino con des árbol-mundo. Es el libro clásico como bella interioridad orgánica, significante y subjetiva (los estratos del Obro). E libro imita al mundo, como el arte a la naturaleza: por procedimientos propios que llevan a cabo lo que la naturaleza no puede, oya no puede hacer. La ley del libro es la de la reflexión, lo Uno que deviene Dos. ?Cómo iba a estar la ley del libro en la naturaleza si es ella la que regula la división entre mundo y libro, naturaleza y arte? Uno deviene dos: siempre que encontramos esta fórmula, ya sea estratégicamente enunciada por Mao, ya sea entendida lo más «dialécticamente’ posible, estamos nte el pensamiento más clásico y más razonable, más caduco, más manoseado. La naturaleza no actúa de ese modo: en ella hasta las raíces son pivotantes, con abundante ramificación lateral y circular, no dicotómica. E I espíritu está retrasado respecto a la naturaleza.

Incluso el übro como reaudad natural es pivotante, con su eje y las hojas alrededor. pero el ubro como reaüdad espiritual, el Árbol o la Raíz en tanto que imagen, no cesa de desarroCJar la ley de lo uno que deviene dos, dos que devienen cuatro… La lógica binaria es la reaüdad espiritual del árbolra[z. Incluso una disciplina tan «avanzada» como a üngüística conserva como imagen de base ese árbol-raíz que la vincula a la reflexión clásica, (Chomsky y el árbol slntagmátlco que comienza en un punto S y procede luego por dicotomía).

Ni qué decir tiene que este pensamiento jamás ha entendido la multipücidad: para Uegar a dos, según un mé l, necesita presuponer s OF ima fuerte unidad necesita presuponer ima fuerte unidad principal. Y en lo que se refiere al objeto, según el método natural, se puede sin duda pasar directamente de lo uno a tres, cuatro, o clnco, pero siempre que se pueda disponer de una fuerte unidad principal, la del pivote que oporta las raíces secundarias. En reaüdad, viene a ser lo mismo: las relaciones biunívocas entre cfrculos sucesivos no han hecho más que sustituir a la lógica binaria de la dicotomía.

Ni la raíz pivotante ni la raíz dicotómica entienden la multipücidad. Mientras que una actúa en el objeto, la otra actúa en el sujeto. La lógica binaria y las relaciones biunívocas siguen dominando el psicoanáüsis (el árbol del delirio en la interpretación freudiana de Schreber), la üngüística y el estructuralismo, y hasta la informática. El sistema-raiciUa, o raíz fasciculada, es la segunda figura del übro, figura que uestra modernidad invoca con gusto.

En este caso, la raíz pnncpal ha abortado o se ha destruido en su extremidad; en ella viene a injertarse una multipücidad inmediata y cualesquiera de raíces secundarias que adquieren un gran desarrollo. La realidad natural aparece ahora en el aborto de la raíz principal, pero su unidad sigue subsistiendo como pasado o futuro, como posible. Cabe preguntarse si la reaüdad espiritual y razonable no compensa este estado de cosas al manifestar a su vez la exigencia de una unidad secreta todavía más comprensiva o de una totaüdad más extensiva.

Véase si no el método del cut-up de Burroughs: el legado de un texto sobre otro, constitutivo de raíces múltiples y hasta adventicias (diríase un esqueje), impüca una dimensión 6 OF constitutivo de raíces múltiples y hasta adventicias (diríase un esqueje), impüca una dimensión suplementaria a la de los textos considerados. pero la unidad conti- 12 núa su trabajo espiritual, precisamente en esa dimensión suplementaria del plegado. En ese sentido, la obra más resueltamente fragmentaria puede ser perfectamente presentada como la Obra total o el Gran Opus.

La mayor(a de los métodos modernos para hacer proliferar las series o para hacer crecer una multiplicidad on perfectamente válidos en una dirección, por ejemplo lineal, mientras que una unidad de totalización se afirma tanto más en otra dirección, la de un círculo o un ciclo. Siempre que ima multiplicidad está incluida en una estructura, su crecimiento queda compensado por una reducción de las leyes de la combinación. Los abortistas de la unidad sí que son aquí creadores de ángeles *, doctores angelici, puesto que afirman una unidad realmente angélica y superior.

Las palabras de Joyce, precisamente llamadas «de ra[ces multiples», sólo rompen efectivamente la unidad lineal de la palabra, o incluso de la lengua, estableciendo na unidad c(cllca de la frase, del texto o del saber. Los aforismos de Nietzsche sólo rompen la unidad lineal del saber remitiendo a la unidad cíclica del eterno retomo presente como un no-sabido en el sistema fasciculado no ro Ni qué decir tiene que el amente con el dualismo, la unidad no cesa de ser combatida y obstaculizada en el objeto, mientras que un nuevo tipo de unidad triunfa en el sujeto.

E I mundo ha perdido su pivote, el sujeto ni siquiera puede hacer ya de dicotom(a, pero accede a una imidad más elevada, de ambivalencia o de sobredeterminación, en una dimensión siempre suplementaria a a de su objeto. El mundo ha devenido caos, pero el libro continúa siendo una imagen del mundo, caosmos-raicilla, en lugar de cosmos-raíz. Extraña mistificación la del libro, tanto más total cuanto más fragmentado. De todas formas, qué idea más convencional la del llbro como imagen del mundo. Verdaderamente no basta con decir Viva lo múltiple! aunque ya sea muy difícil lanzar ese grito. Ninguna habilidad tipográfica, léxica, o incluso sintáctica, bastará para hacer que se oiga. Lo múltiple hay que hacerlo, pero no añadiendo constantemente una dimensión superior, sino, al contrario, de la orma más simple, a fuerza de sobriedad, al nivel de las dimensiones de que se dispone, siempre n-l (sólo así, sustrayéndolo, lo Uno forma parte de lo múltiple). Sustiaer lo único de la multipücidad a constituir: escribir a n-l. Este tipo de sistema podría denominarse rizoma.

U n rizoma como tallo subterráneo se distingue radicalmente de las raíces y de las raicillas. Los bulbos, los tubérculos, son rizomas. Pero hay plantas con raíz o raicüla que desde otros puntos de vista también pueden ser consideradas rizomorfas. Cabría, pues, preguntarse si la botánica, en su especificidad, no es enteramente rizomorfa. Hasta los animales lo son cuando van en manada, las ratas son rizomas. Las madrigueras 8 OF rizomorfa. rizomas. Las madrigueras lo son en todas sus funciones de habitat, de prowsión, de desplazamiento, de guarida y de raptura.

En sí mismo, el rizoma tiene formas muy diversas, desde su extension superficial ramificada en todos los sentidos hasta sus * Aquí, en el texto original, hay un juego de palabras entre avorteurs y faiseurs d’anges, que en francés son sinónimos. (N. del 13 concreciones en bulbos y tubérculos: cuando las ratas corren unas por encima de otras. En un rizoma hay lo mejor y lo peor: la patata y la grama, a mala hierba. Animal y planta, la grama es el crab-grass. Ahora bien, somos conscientes de que no convenceremos a nadie si no enumeramos algunos caracteres generales del rizoma. . 0 y 2c Principios de conexión y de heterogeneidad: cualquier punto del rizoma puede ser conectado con cualquier otro, y debe serlo. Eso no sucede en el árbol ni en la raíz, que siempre fijan un punto, un orden. I árbol lingüístico, a la manera de Chomsky, sigue comenzando en un punto S y procediendo por dicotomía. En un rizoma, por el contrario, cada rasgo no remite necesariamente a un rasgo lingüístico. eslabones semióticos de cualquier naturaleza se onectan en él con formas de codificación muy diversas, eslabones biológicos, pohticos, económicos, etc. poniendo en juego no sólo regímenes de signos distintos, sino ta estatutos de estados de c o, los agenciamientos directamente en los agenciamientos maquínicos, y no se puede establecer un corte radical entre los regimenes de signos y sus objetos. En lingüística, incluso cuando se pretende atenerse a lo explícito y no suponer nada de la lengua, se sigue estando en la órbita de un discurso que implica todavía modos de agenciamiento y tipos de poder sociales específicos. La gramaticalidad de

Chomsky, el símbolo categorial S que domina todas las frases, es un marcador de poder antes de ser un marcador sintáctico: constrairás frases gramaticalmente correctas, dividirás cada enunciado en sintagma nominal y sintagma verbal (primera dicotomía… ). A tales modelos lingüísticos no se les reprochará que sean demasiado abstractos, sino, al contrario, que no lo sean lo suficiente, que no sean capaces de alcanzar la máquina abstracta que efectúa la conexión de una lengua con contenidos semánticos y pragmáticos de los enunciados, con agenciamientos colectivos de enunciacion, con toda una micropol(tica del campo social.

Un rizoma no cesaría de conectar eslabones semióticos, organizaciones de poder, circunstancias relacionadas con las artes, las ciencias, las luchas sociales. Un eslabón semiotico es como un tubérculo que aglutina actos muy diversos, lingüísticos, pero también perceptivos, mímicos, gestuales, cogitativos: no hay lengua en sí, ni universahdad del lenguaje, tan sólo hay un cúmulo de dialectos, de patois, de argots, de lenguas especiales. E I locutor-oyente ideal no existe, ni tampoco la comunidad I lingüística homogénea. La lengua es, según la fórmula de Wemeich, «una reaüdad esencialmente heterogénea». No hay lengua m