Amor

Amor gyGiseIIdayanna 110R6pp 16, 2011 4 pagcs Para entender mejor el amor hay que vivirlo, es en este estado de embriaguez que cobra sentido. Es vano tratar de encontrarle reglas generales, definiciones convenidas, o argumentos universales, porque la apreciación del amor, en esencia, es completamente personal y subjetiva. Podría enlistar una serie de raciocinios químico-biológicos, psico- sociales, e inclusive teológicos de la naturaleza de dicho concepto, pero cuando el amor se siente en primera persona, todas las explicaciones dogmáticas le quedan a deber.

Yo no identifico un amor único, por el contrario, creo que éste tiene tantas ramificaciones como nos las permite nuestro pensamiento, sin entrar en rofundidad en interpretaciones to nex: page fllosóficas, para el a ora siente y por quien es ntl que ninguno de esto os ele que sentimos mucho en nuestras vidas, m integrantes: quien lo ] e tiendo no permite ste sente. Es por ello e amor, porque n, los sujetos que se han apropiado de ese sentimiento nuestro, tan básico y elemental. Vivimos y practicamos a diario distintos tipos de amor, en distintas personas y cosas.

Partiendo de la base de que no existe un amor único, entiendo na segunda condición que emana de la primera: las distintas formas de amor que sentimos no son comparables, no podemos pensar en cuantificar y equiparar entre el amor que sentimos por nuestros padres, al amor que le tenemos a un hijo, entre el que profesamos por ellos, al que vivimos con nuestra pareja. El amor es único e indivisible, la comparación entre ellos es fútil. Muchos dicen que el amor es afinidad. Entendiendo por ello, la atracción o adecuación de caracteres, opiniones, gustos, etc. que existe entre dos o más personas. Sin estar en desacuerdo, pienso ue la afinidad no envuelve al amor, el amor es una consecuencia de la afinidad y la empatía. Para poder sentir amor por algo o por alguien primero y antes que otra cosa, deben de existir puntos en común, tantos como sean posibles, porque de darse estas condiciones, el amor crecerá exponencialmente a medida que aumenta la afinidad. El amor no es un elemento inerte, es un sentimiento vivo y en constante cambio.

Partí de la condición de que el amor solo existe si primero se tiene a quien lo hace verbo, éste ser que habrá de practicarlo cambiará y evolucionará a lo largo del tiempo, por anto, su amor, cambiará y evolucionará en la misma proporción en la que vayan madurando sus pensamientos. Es por ello que los amores añejados son más conscientes. El amor tiene las mismas probabilidades de permanecer latente como de morir, si no le son proporcionadas las mismas cosas básicas que necesita cualquier ente vivo básicas que necesita cualquier ente vivo para su preservación.

Todas las acciones que tomemos en su trato, afectaran directamente su existencia y conservación. Es por ello, que el amor requiere de entrega y dedicación, de voluntad y esfuerzo, no solo del deseo por sentirlo. Vaya que no es tarea sencilla. Bien dicen que el amor, se gana o se pierde con una sola de nuestras acciones. Por lo mismo, habrá de tratarse como bola de cristal que pende de un hilo. También concibo la parte espiritual del amor, esa parte enigmática y desconocida, esa parte de terrenos desenfocados y místicos, el amor también tiene eso. nnclpalmente el que encontramos en la pareja anhelada. Muchas veces estamos preparados para el amor y lo buscamos incansablemente y éste, nunca llega, al grado de hacernos dudar de la existencia del mismo, pero la vida se encarga de darnos bofetadas con guante e hierro, cuando menos lo esperamos, sin previo aviso, llega a nuestras vidas esa persona por la que somos capaces de tener todos aquellos sentimientos reprimidos e imaginados.

Si bien es cierto que para el amor hay que tener mente abierta, sigue existiendo un titiritero sin rostro que se encarga de orquestar grandes sorpresas. De tantos en el mundo, el universo se confabulará para que coincida con nosotros ese alguien que estremece nuestro entendimiento, que vuel 3Lvf4 confabulará para que coincida con nosotros ese alguien que estremece nuestro entendimiento, que vuelca nuestros sentidos, ue desdobla por completo nuestras ideas y que nos hace sentir eso tan incomprensible que llamamos de una manera tan simple: amor, puro y vasto amor.

Siempre llega en repentino y en despoblado, aún cuando haya estado tan cerca de nosotros que ni siquiera, lo percibimos. Esta última hipótesis, me hace creer que el amor tiene un alto contenido de fe, ese sentimiento ciego que nos inclina a creer en él, aún sin haberlo visto, a confiar en que existe alguien en este mundo por quien podemos alcanzarlo todo y darnos por completo. Tal concepto del amor es el que mas disfruto. El que o tocamos, el que no vemos, el que no entendemos y que solo podemos saber cierto cuando lo tenemos enfrente.

Solo en el momento que esas dos miradas se juntan y se hablan sin hablar, es cuando puedo entender que el amor es verbo y no un concepto. Cuando al pensarle lo único que se tiene ganas es que ambas almas se fundan en una misma. Ese amor de contemplación y de sueños. Ese amor que es capaz de transformar lo feo en bello, lo bello en hermoso, y lo hermoso en espi itual. Es ese amor en el que un día deje de creer, y que hoy, como dice Sabines: no lo se de cierto pero lo supongo, me mantendrá siempre vivo.